LA PRESIÓN PARA AYUDAR A TRIUNFAR A NUESTROS HIJOS

    




 

 


 

 

 

 

 

 


Potencial es una palabra peligrosa.

Si alguien te dice que tu hijo tiene un "gran potencial", probablemente te sientas agradado. Quizás te lo imagines destacándose en la vida, superando todos los logros que tú alcanzaste, sin sufrir ninguna de tus adversidades, mientras tú lo observas con cariñosa admiración.

Pero luego vienen las preocupaciones, ya que potencial, después de todo, significa que existe una posibilidad, no una garantía. ¿Y si tu hijo no tiene ese potencial?

Los amigos, los vecinos, así como la industria del "perfeccionamiento infantil", rápidamente nos dicen todo lo que debemos hacer para ayudar a nuestros hijos a alcanzar su potencial. Ellos insisten:

  •  Escucha a Mozart durante el embarazo.
  •  Usa la fórmula de "estimulación cerebral" para el bebé.
  •  Lleva a tu hijo a clases de gimnasio para que desarrolle 
     destrezas motoras.
  •  Inscríbelo en clases de música para ayudarle a desarrollar su pensamiento      matemático.
  •  Inícialo en el fútbol a los tres años, después ya será demasiado tarde.
  •  Procura que su inmersión en el idioma se dé antes de que finalice el periodo    crítico.
  • No es suficiente con que simplemente desarrolle una actividad, asegúrate de que tu hijo esté bien asesorado.

 

El mensaje que recibes desde todos los frentes es: "Comienza temprano, ve más rápido, haz más". La seriedad e intensidad de este consejo insinúa que cualquier padre que no involucre a sus hijos en una serie de actividades enriquecedoras, está siendo negligente.

Todos sabemos que los niños con exceso de actividades (es decir, ¡niños que hacen más cosas que las que nosotros hacemos!) son un problema nacional, pero la presión y la competencia siguen, y nada cambia. Filosóficamente, debemos apreciar el valor del tiempo de inactividad, pero como padres, nos da temor no hacer todo lo posible para desarrollar el potencial de nuestros hijos.

En nuestro celo y ansiedad por asegurarnos de que ellos alcancen su potencial, miramos calificaciones, puntuaciones de pruebas y posiciones en las clases, como si éstas fueran bolas de cristal para ver su futuro, indicadores objetivos e infalibles de lo que les espera. Nos inquietamos si hay una nota baja. Nos preocupa que nuestros hijos a lo mejor no se estén esforzando al nivel que deberían. Tememos que lo que ofrece el plan de estudios no sea lo suficientemente retador. Y de nuevo somos bombardeados de consejos: "¡Oh! ¿Acaso tu hija no está siguiendo la tutoría sistematizada? Le ayudará a mejorar las calificaciones en todos los exámenes del año". Vigilamos tareas, les ayudamos a estudiar para sus exámenes, analizamos sus escritos, supervisamos sus proyectos de ciencias, y con todo eso, nos preocupa no estar haciendo lo suficiente. No queremos que nuestros hijos desperdicien su potencial.

 

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