¿Cuándo esperas lograr tus metas?

Una meta es un objetivo o propósito específico; es mucho más que un simple “qué bueno sería lograr aquello”. Una meta es mucho más que un sueño o un deseo; de cierta manera, una meta es sencillamente un sueño con una fecha frente a él.

 
Aunque en los pasados capítulos hemos utilizado esto términos como si fuesen sinónimos, la verdad es que un
sueño sólo se convierte en una meta cuando le has asignado una fecha específica para su logro y has desarrollado un plan de acción de cómo esperas alcanzarla.
 
Sin embargo, tan sencillo como pueda parecer estipular una fecha límite para cada uno de tus sueños, puedo aseverar que no dar este paso causa gran cantidad de fracasos, frustraciones y sueños no realizados, porque un sueño sin una fecha específica en la cual esperas lograrlo denota falta de compromiso y no impone ninguna urgencia para su logro; por el contrario, le resta importancia al mismo y te hace más vulnerable a la duda y la dilación.
 
Así que durante este tercer paso nos enfocaremos en el tiempo. Aprenderemos cómo determinar el lapso apropiado para la realización de cada una de tus metas, tomando en consideración dónde te encuentras con respecto a ellas y qué debes hacer para alcanzarlas. Lo más importante de entender es que cuando asignas una fecha específica para el logro de cierto sueño, lo habrás llevado un paso más cerca
de convertirse en realidad.
 
Podríamos decir que desde este momento en adelante es cuando el tiempo se convierte en factor definitivo. El período de tiempo que asignes para el logro de cualquiera de tus sueños debe ser tal, que exija de ti un esfuerzo mayor; que demande el máximo de tu potencial; que requiera el desarrollo de una disciplina fuera de lo común. Sin embargo, debes ser flexible, ya que es importante tener en cuenta
los obstáculos a los cuales te obligas a superar, y los
nuevos hábitos o habilidades que te corresponde adquirir. En otras ocasiones he dicho que no creo que existan sueños irreales, sino plazos irreales para lograrlos.
 
Comprometerse con una fecha concreta para el logro de cualquier meta produce varios efectos específicos en ti y en tu comportamiento:
 
Primero que todo, es una prueba de tu compromiso hacia la realización de dicha meta. Al hacerlo estás poniendo tu reputación en la línea; además ejerces cierta presión que no existía antes, la cual será la encargada de ponerte en movimiento.
 
A comienzo de los años 60, el presidente John F. Kennedy retó a la comunidad científica norteamericana a alcanzar algo, hasta ese momento, nunca antes intentado. Él no los instó a empezar la conquista del espacio, ni a desarrollar un programa espacial, que para aquel entonces era casi inexistente. ¡No! Él los retó a que antes del 31 de diciembre de 1969 ellos se encargaran de llevar un hombre a la superficie de la luna y lo trajeran de nuevo a la tierra.
 
La meta era muy clara y específica, y el período para su logro, inequívoco. ¿Cuáles fueron los resultados? El 20 de julio de 1969, seis meses antes que se venciera el plazo asignado, la NASA logró llevar a cabo esta hazaña, en parte porque su reputación estaba en juego, ya que el Presidente no hizo esta petición en secreto, sino por televisión frente a centenares de millones de personas.

 

(Fragmento del libro Siete pasos para convertir tus sueños en realidad)

 

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