Cuidar de la gente y del planeta

“El Capitalismo triunfa porque los industriales no tienen compasión”, arguyó un profesor universitario un tanto enfadado luego de mi exposición en su clase. “Sin Capitalismo no existiría la compasión”, respondí, recibiendo a cambio miradas de desconcierto de entre el auditorio, como si acabara de decir que la Tierra es plana o que el mar está lleno de dragones. En este instante de silencio, volví a darme cuenta nuevamente de lo importante que se había convertido en mi vida este proyecto del Capitalismo solidario. Mientras la mayoría de la gente se apresura a alinearse con el Capitalismo, quienes disfrutamos de sus beneficios, todavía nos avergonzamos de su debilidad y nos enfocamos en sus derrotas. Y lo que es peor, millones de nosotros no comprenden cómo funciona el Capitalismo solidario, ni cómo este sistema puede ayudarles a ganar un mejor sustento
para lograr un estándar de vida más agradable. 
 
¿Por qué tantos catedráticos universitarios y columnistas de los diarios olvidan o se resisten ante la idea de aceptar las enormes fortalezas y éxitos del Capitalismo? ¿Por qué se aferran a conceptos caducos sobre el Socialismo y hasta del Comunismo, cuando las promesas hechas por esos sistemas económicos han sido implementadas y se han quedado cortas? Es innegable que el Capitalismo tiene sus fallas. Pero las caídas del pasado se han superado y necesitamos procurar no repetirlas en el futuro. Sin embargo, independientemente de sus faltas, el Capitalismo se ha convertido en el sistema económico elegido a nivel mundial, y es fácil comprender las causas. Y aunque este libro no es exclusivamente acerca de Amway Corporation, la historia de éxito de Amway durante los últimos treinta años es un buen ejemplo del poder del trabajo basado en el concepto del Capitalismo solidario.
 
Fidel Castro, en compañía de sus camaradas comunistas revolucionarios, se tomó Cuba el 16 de enero de 1959, con la promesa de restaurar la economía de aquella que alguna vez fue una rica nación isleña. Por esos mismos días, Jay Van Andel y yo decidimos comenzar con Amway Corporation en el sótano de nuestra casa en Ada, Michigan. En ese momento, el Socialismo era reconocido como “la economía más esperanzadora del mundo”. La libre empresa había llegado a su fin. Por lo menos, eso era lo que Jay y yo sabíamos. El Capitalismo americano “estaba de salida”, mientras que el Comunismo marxista que Rusia y China exhibían, “sin duda triunfaría”. “Éste no es el momento para iniciar su propia empresa”, nos insinuaban algunos de nuestros conocidos, “esos días ya pasaron”. Entonces, frunciendo el ceño y con gestos de disgusto, añadían: “El Capitalismo nos ha fallado y nos seguirá fallando.
 
El Socialismo es nuestra única esperanza”. Fue así como decidimos escuchar a los críticos de la libre empresa, luego agradecimos sus consejos y olímpicamente decidimos ignorarlos. “Llamaremos Amway a nuestra compañía”, decíamos en aquellos primeros discursos para promocionarnos, “porque vendemos el sistema americano (American Way) de la propiedad privada y la libre empresa”. Ese mismo discurso fue usado durante muchísimas ocasiones en los siguientes años, no sólo en las reuniones de Amway, sino también en otros lugares como escuelas secundarias, iglesias y clubes cívicos. Los americanos estaban perdiendo la fe en el sistema económico que nos trajo el estándar de vida más alto de la Historia.“Construimos esta nación con base en la propiedad privada y la libre empresa”, le decía yo a todo el que quisiera escucharme. “El Capitalismo no es perfecto, pero es la mejor manera de conservar fuerte a nuestro país”.
 
Muchos expertos consideraban las políticas socio-económicas del líder máximo Mao Tse-tung, del premier Khrushchev y del camarada Castro, como la solución del futuro. Actualmente, los mismos expertos se han tenido que callar.La ilusión comunista murió. Con qué rapidez ese sueño se volvió una pesadilla. Las economías marxistas socialistas están en entredicho. Van sólo treinta y cuatro años desde que Castro se tomó Cuba prometiendo prosperidad y reformas. Hoy, la mayoría de los cubanos continúan en la miseria y la desesperación. En ese mismo lapso de tiempo, Amway se convirtió en una corporación de cuatro billones de dólares, con más de dos millones de distribuidores y dueños de sus negocios en cincuenta y cuatro naciones y territorios del globo. ¿Capitalismo solidario?, preguntó un estudiante universitario con sonrisa burlona. “¿No hay allí una contradicción de términos, como decir: ‘amabilidad cruel’, o ‘muerte viviente’? Esos dos términos juntos, ¡definitivamente no armonizan!” Durante los últimos años, muchos de los que me conocen han estado haciéndome bromas con respecto a mi interés compulsivo con este tema del Capitalismo solidario. No imaginaba que la palabra “Capitalismo” fuera tan controvertida y peligrosa, que trajera recuerdos de industriales abusivoscon la mano de obra infantil, de ríos contaminados y chimeneas humeantes polucionando el azul del cielo. 
Etiquetas